Volver a ver las chicas Gilmore

Otro lunes raro, el último de septiembre, porque ya se nos va.
Ya estamos en otoño y, sí, voy a volver a empezar una vez más con Las chicas Gilmore. Paso muchas tardes sola y creo que ellas, o Friends, pueden ser la paz que calme mis horas: la compañía perfecta en tiempos de mudar de piel y de casa.

Llevo unos días pensando en volver a crear contenido de verdad para redes, compartir con el público mi nuevo anhelo: encontrar mi ikigai, mi tótem vital inamovible. Esa cosa tuya y solo tuya a la que te aferras cuando las cosas van regulinchi. Spoiler: no, no puede ser una persona… (ya me gustaría a mí), pero poner tu sentido común y tus objetivos en alguien —aunque pienses que es en común— solo te traerá más de un traspié innecesario.

Supongo que en otra época sí que éramos un poco así, un poco de juntar deseos y construir universos junto a personas que llevaban apenas un ratito en nuestra mesa. Creo que la generación de nuestros padres era un poco así: de compartir éxitos y de dejar algunos sueños por el camino. Pero nosotras no. Nosotras, o lo queremos todo, o simplemente nos damos cuenta de que el resto del mundo no va a renunciar a un milímetro de nada por ti… así que te toca buscar y construir tu propio espacio.

Existen personas que sí comparten, como en la boda a la que fui este finde. Era una boda de dos, un equipo compenetrado en cada baile improvisado (y en los preparados también). Una boda llena de detalles y de amor por todas partes, que me ha hecho recuperar esa sensación de querer compartir mucho más con alguien. Desde el sábado tengo ese pensamiento de: “si algún día me caso quiero…”. Y wauuu, podríamos decir que he recuperado esa muchedad naïf que alguien me robó a los veintipico años.

Si algún día me caso, será con alguien que me haga viajar, sonreír y que me pregunte “¿cómo estás?” todas las veces que sea necesario. Y sí, alguien que entienda mi ikigai (sea cual sea) y que me quiera igual: triste o contenta, de fiesta o en casa leyendo libros o viendo Las chicas Gilmore por enésima vez.

Así que, en muy poquito, sacaré mi cámara y empezaré a buscar qué es eso que me gusta tanto como para hacerme despertar por las mañanas. No quiero hacer spoiler ni perderme ninguna parte del viaje por tener una idea preconcebida del asunto, pero me da que ese ikigai va a tener relación con la comida y los viajes. Quizás me ponga a buscar el mejor torrezno… o el destino más raro para viajar con amigas. ¿Quién sabe? Octubre seguro que nos enseñará tanto como septiembre. Pero sinceramente espero que sea más amable.

¿Que os parece mi idea? ¿Nos vemos otra vez en Instagram?

Júlia Esteve

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