There’s something wrong with you

Lo escribo en inglés para que dé menos miedo: there’s something wrong with you. Esa frase que permanece latente y resuena en algunas partes de nuestro ser, muy adentro, allí donde nuestra propia luz proyecta sombras. Justo allí te sientes así: Error 404.

El otro día leí algo parecido a que todos estamos rotos y que es precisamente por esas rendijas por donde entra la luz. Y si todo esto es verdad, si hay que desaprender para volver a codificar nuestros códigos, si hay que desnudarse en cuerpo y alma para reconstruirnos después de un fracaso, por pequeño que sea, entonces quizá romperse no sea siempre lo contrario de construirse. Quizá haya cosas que solo podemos entender cuando dejan de encajar.

Virginia Wolf decía que somos una persona diferente con cada persona que conocemos, reforzando la idea es que nuestra identidad no es completamente fija. Cambia, se expande y encuentra formas distintas de existir en relación con los demás. Por eso, la pérdida de una persona implica también, irremediablemente, la pérdida de una parte de nuestra identidad: de quienes fuimos nosotros con ella. El crecimiento, por suerte, se queda. Pero se van muchas otras cosas. Se va una determinada forma de hablar, algunos frases que ya nadie más entenderá, una manera de mirar y entender el mundo. Se va aquella versión más rockera y más pirata que construimos junto a amigos que dejaron algo importante en nosotros y después desaparecieron en el mar.

En mi identidad líquida veo el reflejo de todas las personas que he querido. También en mis gestos y en mi cara encuentro trazos de los pinceles que me dibujaron: algo de mi abuela asoma cuando sonrío; en ciertos movimientos inesperados reconozco a mi madre. A veces digo una expresión que no era mía, recuerdo de quién la aprendí y se me escapa por la comisura de los labios un recuerdo en forma de sonrisa.

Escucho una canción aleatoria en el coche y, durante tres minutos, vuelvo a ser otra yo. Vuelvo a estar en un coche que ya no existe, al lado de alguien con quien ya no comparto tiempo. Y esto me hace sentir justo así: there’s something wrong with you.

Pero no miro el móvil. No escribo un WhatsApp a nadie. No reviso Instagram. Porque, en mi culpabilidad heredada, fui yo quien puso punto final a algo que no funcionaba.

¿Soy yo o es el mundo que, al girar, me hace sentir el tambaleo? Como la Bambola de Patty Pravo, girando y girando alrededor de todos aquellos que intentan manejarnos a su antojo, convertirnos en algo que no somos.

¿Soy yo el error? ¿O es mi exceso de consciencia el que me hace sentir como tal?

Porque al final decides quedarte con lo bueno de algunos y, aun así, te asfixia el fracaso de algo que no llegó a suceder.

Otoño. Se vive y se siente en cada centímetro de la piel.

Ojalá esta noche nos abracemos un nuevo «yo» y entendamos que al final no había nada malo en nosotros.

Nos leemos,

Júlia Esteve

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